¿Qué hay detrás de la moda de los productos ecológicos?

María Espinosa

Los productos ecológicos están de moda, a pesar de que no son más saludables, ni respetan el medio ambiente, ni son mejores que los alimentos convencionales. Hay quienes los han definido como una buena estratégica de marketing, pero, ¿cómo se obtienen estos productos?  ¿qué peligros tienen? Responde a esas preguntas el biólogo y divulgador Álvaro Bayón.

¿Qué son los productos ecológicos? 

Los productos (mal llamados) ecológicos no son sino una serie de productos que cumplen con unos requisitos legales que se establecen mediante una normativa específica. En el caso de la Union Europea esa normativa viene establecida por la propia Unión.

Existe la falsa creencia de que productos de proximidad es sinónimo de productos ecológicos, sin embargo no es así. Puedes cultivar tomates en tu huerto y comértelos el mismo día de la recolección, o recoger los huevos de tus gallinas camperas todas las mañanas —no se me ocurre una mayor proximidad— y que ni tus tomates ni tus gallinas tengan certificación ecológica. Y puedes encontrar sin ningún problema en un supermercado de Galicia tomates ecológicos de Almería o germinados de trigo ecológicos de Alemania.

¿Qué método se emplea en la producción ecológica para obtener alguno de los sellos que se otorgan?

El procedimiento para la obtención del sello de producción ecológica incluye aspectos como el de no utilizar pesticidas de origen sintético —aunque puede usar otros pesticidas que tengan un origen natural—, no emplear organismos que hayan sido modificados genéticamente mediante técnicas de laboratorio —aunque permite el uso de organismos que hayan sufrido modificaciones genéticas por otras técnicas como la selección artificial— o priorizar el uso de tratamientos (mal llamados) alternativos, como la homeopatía o la acupuntura, —aunque permite el uso de tratamientos fitosanitarios y / o veterinarios reales cuando son necesarios—. El proceso ha de ser inspeccionado de acuerdo a la normativa europea, y anunciar como «ecológico» un producto que no tenga el sello —aunque cumpla con los requisitos para tenerlo—, es un fraude.

¿Qué seguridad pasan los alimentos ecológicos?

Hasta donde yo sé, tienen que pasar por los mismos controles de seguridad alimentaria por los que tiene que pasar cualquier otro producto de consumo. No obstante, dado que los riesgos no son los mismos, sino mayores, es más probable que haya productos inadecuados que terminen en la cadena alimentaria.

¿Por qué se han puesto tan de moda estos productos apelando a “lo natural”?

Es una buena, muy buena pregunta. Yo tengo alguna hipótesis al respecto, pero no sería capaz de apostar nada a que sea correcta, porque muy bien podría estar equivocado.

Yo diría que la comodidad hace que las personas dejen de valorar lo que tienen, la tecnología y la ciencia se hacen tan cotidianas que la gente pierde el interés en ellas; eso lleva a muchas personas a buscar lo exótico, lo extraño y lo peculiar; en este caso, lo natural.

Lo que la gente no se da cuenta es que nada de lo que comemos hoy en día es natural. Nada en absoluto. Todo lo que cultivamos, todo el ganado y todos los animales que criamos en cautividad han sido modificados genéticamente por la selección artificial y por hibridaciones desde hace mucho tiempo, e incluso la caza y la pesca genera una presión selectiva sobre los animales salvajes que hace variar su genotipo.

¿Recuerdas la campaña de Pezqueñines no, gracias? Era un mensaje muy positivo porque era una buena forma de reducir la presión pesquera sobre poblaciones de juveniles. El asunto es que los peces adultos que no llegaban al tamaño, también eran devueltos al mar, y los genes que dictan el tamaño pequeño se hacen predominantes en la población. En las últimas décadas, el tamaño medio de las distintas especies de peces de consumo ha ido decreciendo a causa de esto. ¿Son naturales esos peces? Depende de como lo miremos. Son animales nacidos y criados en la naturaleza mediante procesos naturales, pero su tamaño actual es producto de una modificación genética que ha sido dirigida por la presión de la pesca, actividad artificial.

¿Por qué hay tanta “quimiofobia” actualmente?

Tal vez tenga que ver con lo que he dicho antes. La ciencia ha hecho que muchas de las cosas que antes nos daban un miedo aterrador, como la gripe, la viruela o la polio hoy sean tristes recuerdos. Hoy, para la mayoría, la gripe es una enfermedad de unos días, por la que ni siquiera te dan la baja laboral, y para las personas con riesgo existen vacunas. La polio no existe en casi ningún sitio, y la viruela lleva décadas erradicada.

Hay muy pocas cosas que nos den miedo hoy en día. Los accidentes de tráfico, las enfermedades cardiovasculares o el cáncer. Pero accidentes siempre ha habido, y este tipo de enfermedades también.

Es muy fácil generar miedo a lo desconocido. La gente no sabe cómo funciona un teléfono móvil, así que si alguien te dice que ese dolor de cabeza que tienes de vez en cuando lo produce tu móvil con sus ondas, tú te lo crees, aunque en realidad sea una estupidez tan grande como decir que la tierra es hueca y en su interior brilla un pequeño sol. La gente no sabe cómo funciona una vacuna, y a nada que alguien empieza a difundir bulos, de inmediato comienzan a surgir grupos de gente que promulga la peligrosa práctica de no vacunar a sus hijos.

Del mismo modo, es muy fácil meter miedo a los productos químicos. Basta un video de un señor que raspa una manzana y le quita la cera que tiene sobre su piel —cera que sale de forma natural en las manzanas—, para que la gente lo difunda por Facebook y el bulo crezca como una bola de nieve causando un alud de estupidez.

También es probable que haya personas que se lucren con esto, claro. Si te digo que los productos quimicos son malos y mis manzanas son naturales, y tú te lo crees, vendrás a comprar mis manzanas. Aunque en la frase haya tres errores: (1) que mis manzanas no son naturales, (2) que dentro de los productos químicos hay de todo, buenos, malos y mediopensionistas, y (3) que mi manzana está llena de productos químicos.

¿Qué peligro tienen los alimentos ecológicos?

En primer lugar, hay un relativo peligro para la salud. No es muy importante, porque existen sistemas de control, pero dado que muy frecuentemente se emplean excremento como abono, si las piezas no están bien lavadas pueden suceder intoxicaciones a causa de las bacterias fecales —recordemos la crisis del «pepino», que no fue por pepinos, sino por unos brotes ecológicos contaminados con E.coli—. Siendo una gama de productos minoritaria en el mercado, es llamativo que la mayoría de las alertas alimentarias sucedan a causa de este tipo de productos.

Además genera un impacto sobre el medio ambiente que es superior al impacto producido por la producción convencional. Es por eso que al principio he dicho que el nombre de «ecológico» está mal puesto. Los pesticidas y fertilizantes que usan son más contaminantes y más generalistas que los que se usan en la agricultura convencional, que están dirigidos especificamente a lo que interesa, y que no se acumulan por largos períodos de tiempo en el suelo ni en el agua. Y además tenemos el problema del espacio.

Los productos ecológicos son más caros, no solo porque tienen que pagar todos los trámites para conseguir el sellito europeo, sino también porque su productividad es menor. Menor productividad implica que hay menos cantidad de producto para una misma extensión. Es decir, que para producir la misma cantidad necesitas más espacio.

En un mundo en el que hay tanta gente que quiere comer, y que tiene un espacio limitado, me parece que tiene más sentido buscar formas de producción que sean más eficientes con los recursos. Que permitan producir más cantidad en menos espacio y tiempo, y no al contrario.

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